Roberto R. Bravo

Difícil tarea la de decir al curioso y acaso improbable lector quién soy cuando yo mismo no lo sé. ¿Alguien puede explicar quién es? ¿O sólo puede serlo, inevitablemente? Borges escribió que un hombre al final de su vida descubre que las cosas que ha hecho trazan las líneas de su rostro. Y Sartre decía que la esencia se alcanza con la muerte, y será la que nosotros mismos hayamos construido con nuestras acciones. Pero, ¿se es lo que se hace?, ¿o una cosa es lo que hacemos y otra lo que somos? Nos definimos habitualmente por lo que hacemos y, así, cada quien dice ser comerciante, bombero, médico, profesor, escritor o filósofo. Pero esas actividades, ¿delimitan lo que somos o sólo nos caracterizan hasta un cierto punto? ¿No hay algo que nos constituye y nos define por detrás o más allá de lo que hacemos? ¿Es el yo de Descartes, que se descubre a sí mismo como ente pensante, o quizás ese yo no es más que el siempre cambiante haz de percepciones que denunció Hume? Y, sin embargo, ese algo, sentido, mudable y la vez intransferible —acaso incomunicable— ¿no nos iguala a todos? ¿No somos del todo comparables en nuestros anhelos, nuestros placeres y angustias, nuestra ignorancia del mundo, nuestra perplejidad ante la existencia? Por eso tal vez recurrimos a nuestros actos para definirnos. Al menos ellos no son inefables, como nuestro ser: una sucesión contable de hechos y circunstancias, que es lo que buscamos, y hallamos, en una biografía, en una semblanza, en un curriculum: hechos, como una siempre dudosa vía de acceso al ser tras los acontecimientos.

Para quienes, como yo, gustan de los datos circunstanciales (todos lo son) diré que entre mis intereses principales están la ciencia —en especial la física— y la filosofía, que he sido profesor de la primera y ahora lo soy de la segunda. Y que otra de mis motivaciones (¿es necesario que lo diga?) es la literatura, que me ha llevado, a veces por inesperadas y vertiginosas vías, a la variedad y la similitud de los sistemas de lenguaje, al estudio del símbolo y la traducción. ¿…O ha sido al revés? Y es que el trazado de las líneas del rostro puede hacerse en cualquier orden. Lo que cuenta —quizás— es la imagen final, la que se oculta tras los caprichosos hechos, no muy distinta de la tuya, amigo lector.

[© Image by Руставели, published at photodom.com]

  1. Aún no hay trackbacks

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.