A orillas del río Ouse

En la orilla con John Donne

John Donne, poeta metafísico inglés, enamorado del amor, de su mujer, que escribió no sólo poemas de amor sino también poemas religiosos, elegías, epigramas, canciones y sermones en prosa y que además realizó traducciones. Su estilo es realista, sensual, satírico, profundo (sus sonetos sagrados dan buena fe de ello) y con un lenguaje vibrante y metafórico, como más adelante veremos. Escribió “The Good Morrow” con todas las palabras que llevaba dentro y “A valediction: forbidding mourning” con toda la tristeza que un hombre puede soportar. Quizás por eso sus versos revolucionan nuestro interior. John Donne nos regaló sus palabras, expresó su amor, su dolor, su tristeza y a su vez nos intentaba convencer de que no debíamos de estar tristes porque el amor va más allá de la muerte, porque aunque ésta nos separe, nos quedan los sentimientos, esa unión que nada puede romper.

Nunca he creído de gran provecho escribir sobre poemas porque éstos no están hechos para ser explicados sino leídos. Me gustaría limitarme a publicar dos de los poemas que más admiro de John Donne y dar por zanjado el artículo, evitando de esta manera hacer una reseña deleznable sobre uno de los mejores poetas ingleses de todos los tiempos. Si me atrevo a escribir algo es por dar a entender mi amor por él, haciendo referencia directa a esos versos que, sinceramente, me vuelven del revés y me dejan sin aliento.

Y él, que estaba diciendo adiós a su amor, nos intentaba convencer de que el amor trasciende barreras, de que si él no está triste no hemos de estarlo nosotros al contemplar la escena, porque los sentimientos permanecen y ellos son los que mantienen a los amantes unidos. Y yo desde aquí me pregunto si eso es verdad, si John Donne estaba en sus cabales cuando nos rogaba que dejásemos a un lado la tristeza e intentásemos ver lo posible del amor, no lo imposible. Me sumerjo en sus palabras “nuestro amor no depende de una unión física”, “nos separamos pero seguiremos siendo uno en expansión”. Y recapacito sobre su comparación del amor con un compás cuyo centro es el alma, y los dos extremos los amantes: “porque uno se mueve si el otro lo hace”. Y con este argumento establece que el amor es insustituible, inamovible.

En “A Valediction: Forbidding Mourning” Donne nos habla de un hombre que está a punto de morir y que ha de separarse de su mujer. Roto de dolor nos pide que no estemos tristes porque, primero, un hombre virtuoso no tiene que temer a la muerte, y segundo porque aunque los amantes tengan que decirse adiós, no habrá nada que los separe, porque su amor va más allá de todo límite, de todo lo físico, de todo lo real. Y nos insiste, nos argumenta, que sí, que es posible, que el honor del amor va más allá, mucho más allá, de cualquier límite humano o imposible, y se recrea una y otra vez en el amor, epicentro de todo hombre y mujer, y se resguarda en el sentimiento como única coraza para la muerte.

El poema “The Good Morrow” es otro canto al amor, a la mujer a la que ama. Dice: “si alguna vez he visto la belleza, y he deseado, y he tenido, ha sido un sueño de ti”. Nos asegura que él es un hemisferio y que su amor, su amante, es otro y “dónde podríamos encontrar dos mejores hemisferios” que ellos dos, que se aman, que se transportan, que se reflejan el uno en el otro como en una lágrima tras la marcha se refleja la imagen del otro. “Mi cara se refleja en tus ojos y en los míos te reflejas tú”, canta, y nos imaginamos a Donne creando barreras para mantener su amor intacto, excluyendo a los ojos de los que no aman.

Dos poemas que son amor. En realidad, prácticamente toda su obra es amor, mezclada con ironía, sátira, fe, y una profunda devoción a su mujer.

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En la orilla con Elizabeth Gaskell

Os presento a la Jane Austen victoriana. Preocupada por la situación social de los más desfavorecidos por la industralización y crítica con las clases altas y poderosas, las mismas que llevaron a países como Inglaterra a ser una de las primeras potencias mundiales de los siglos XVIII y XIX. “Norte y sur”, su novela más famosa, describe a la perfección la repercusión y el impacto que la industralización tuvo, sobre todo, en las clases bajas, los trabajadores, aquellos que se habían mudado del campo a la ciudad buscando unas condiciones de vida mejores. Lo que se encontraron fue una situación peor, en la que 12 o incluso 16 horas de trabajo no eran suficientes para dar de comer a toda la familia y mejorar su calidad de vida, expuestos diariamente a contraer enfermedades derivadas de trabajar en fábricas de algodón y en minas.

Gaskell nos presenta a una Margaret Hale y a un John Thornton llenos de prejuicios. Ambos provienen de estratos sociales diferentes: la primera viene del sur, donde disfrutaba de una vida plácida, donde vivía un idilio con la naturaleza; Thornton es el “master” de una fábrica de algodón, tiene dinero, es burgués y por lo tanto pertenece a la clase alta de la sociedad. La autora crea una historia de amor entre los dos para que aprendan que no importa de dónde vengas, ni a qué te dediques, ni quién seas en la sociedad elitista de Inglaterra porque todos somos iguales y porque en el ser humano radica la capacidad de obviar las diferencias y vivir acorde a nuestros sentimientos.

Gaskell, además, nos indica, a través de su heroína, las grandes diferencias entre el norte, industrializado, oscuro, sucio, y el sur, lleno de vida, de naturaleza, de seguridad. Una ciudad, Milton, que es claro reflejo de la revolución industrial, en la que Margaret siente que no encaja. Sólo cuando Margaret decide acercarse a Bessy, enfermera obrera con una enfermedad pulmonar, cambia de actitud y madura. Rechaza, sin embargo, la atracción que siente hacia Thornton porque él representa todo lo que ella odia. Cuando le conoce y comienza a ver que no es tan fiero el león como lo pintan, Margaret evoluciona y se convierte en otra persona.

“Norte y sur” es sobre todo una novela de evolución personal. Una novela que demuestra que las personas podemos superar prejuicios y madurar a través de distintas situaciones, y que se puede ser feliz incluso en una ciudad como Milton.

Es también una novela muy crítica con la situación social que viven los estratos más bajos: critica duramente el lamentable estado de las casas obreras, las largas horas de trabajo, la contratación de niños para explotar al máximo la fábrica, y el egoísmo de los propietarios de las mismas, insensibles totalmente al sufrimiento de sus empleados, preocupados únicamente en enriquecerse lo máximo posible.

Un libro que no te deja indiferente. Si te gusta Jane Austen, te gustará Elizabeth Gaskell.

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En la orilla con Julian Barnes


Coge una taza de café y siéntate. Sírvete bien de azúcar, es un tema edulcorado. ¿Estás cómodo/a? Vamos a hablar de amor. Ambos hemos leído muchas novelas de amor. Amor de todo tipo: imposible, posible, platónico, idealizado, sobrestimado, subestimado, raro, indecente, sexual. Todos, además, creemos saber lo que es el amor. Los autores se atreven a definirlo, hablan sobre ello, lo analizan, le buscan las cosquillas, y encuentran las del lector, junto con sus miedos, sus deseos, sus satisfacciones. Un amor puro y pasional, o dulce y sincero, o todo a la vez. ¿Te has visto envuelto alguna vez en un triángulo amoroso?

Hablemos, ya que estamos, de los sentimientos que derivan del amor: los celos, la obsesión.

A quién no le gusta leer un buen libro de amor. A quién no le encanta leer páginas que, casualmente, definen sus historias, sus recuerdos, sus sentimientos, sus odios, sus añoranzas. ¿Nunca te ha pasado? ¿No has leído algo que te ha roto por dentro? ¿Nunca has tenido que dejar caer el libro sobre la mesa o las rodillas o la cama y respirar hondo? ¿Nunca has sentido un pinchazo, un escalofrío, cuando has leído algo que podrías haber escrito tú en algún momento de tu vida? ¿No?

Yo creo que sí, y que por eso te escondes. No mires para otro lado, mírame y sé sincero. Habla conmigo. “Hablemos del asunto”. ¿No quieres? ¿Por qué no hacemos como Julian Barnes? ¿Que qué hizo? Escribió sobre el amor y me hizo llorar. Me retrató en un compendio de personajes, escribió mi historia sin permiso, pero hoy se lo agradezco. Definió y analizó su amor, nadie puede escribir sobre lo que no ha vivido, no estamos aquí para eso. Se ocultó tras Gillian, Stuart y Oliver y con sus palabras confesó sentimientos, se quitó una losa de encima. Como cuando dejas de amar a alguien tras mucho sufrir.

Sabes lo que es, me lo dicen tus ojos.

Julian Barnes escribió primero “Hablando del asunto” y años más tarde “Amor, etc.” libro que rompe la regla de que segundas partes nunca fueron buenas. Ambos tratan de amor, pero el primero nos presenta la historia, mientras que en el segundo nos hace personajes y compañeros de batalla de Stuart, Gillian y Oliver. En ambos nos habla de un Stuart que ama a Gillian, de  Oliver, su mejor amigo. Nos asegura que Gillian ama a Stuart y que éste es serio, a veces aburrido, intelectual, con trabajo fijo, con posición y que Oliver es más de un estilo chulesco, inmaduro, egocéntrico y pedante. Nos hace creer que Gillian se resguarda en sus renuncias, Oliver en su incapacidad de amar y Stuart en la felicidad de la inconsciencia.

Julian escribió y observó, a sus personajes, a él mismo, y éstos cobraron vida y le dejaron atrás. Entonces decidió observarnos, meternos en el guión. A mí me introdujo de lleno. Me dejó exhausta, dolorida, rota, porque me hizo mirar en mi vida. A través de Stuart me dijo:“Piénsalo. Examina tu propia vida. ¿El amor lleva a la felicidad?”. Pero página tras página me recompuso, con amor, con talento, con paciencia. El amor requiere paciencia.

¿Lleva el amor a la felicidad? ¿Lo sabes tú? Yo creía que sí, y así lo creía Julian también.

Barnes te presenta a tres personajes muy distintos: un banquero, una restauradora de arte y un escritor de guiones y profesor de inglés en una academia. Tienen pocas cosas en común, son relaciones basadas en el poder, en el control. En el colegio, y en su relación adulta, era Oliver quien tenía poder sobre Stuart. Stuart, a su vez, siente que tiene cierto poder sobre Gillian. Y Gillian cree que tiene poder sobre su vida pero lo cierto es que no hace más que conformarse, dejar que otros pisen el acelerador en su propia vida.

Barnes fue soberbio en “Amor, etc.” Es una historia de amor, sí, pero también de curiosidad, obsesión, celos, poder, confianza, traición, desconfianza, pasado, presente, futuro. Se agarrotan, en los dos libros, el destino y los recuerdos, y una feroz crítica a la sociedad, a nuestro estilo de vida, a la misma carencia de amor cuando de amor se trata.

Deberías leerlo. Atrévete. Con “Hablando del asunto” sólo dejaba tiempo para reflexionar. Con el etcétera aprendí de mí misma y comprendí lo mucho que me dolía verme de protagonista en una novela que no había escrito. Entendí, escúchame bien, que el amor es un sentimiento universal, que no hay formas para el dolor, que no hay capas, no hay cuevas, no hay huidas. Es en el camino pedregoso donde nos conocemos, es en él donde nacemos de nuevo, como Stuart, o donde morimos, como Oliver. Lo que no vale es quedarse igual, no cambiar, como Gillian.

Entre confidencia y confidencia Julian me preguntó: “¿Prefieres destruirte por falta de conocimiento de ti mismo, o por haberlo adquirido? Y yo te lo pregunto a ti.

¿Qué prefieres?

¿Otro café?

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A orillas del río Ouse

Allí fue, en el río Ouse, donde Virginia Woolf decidió morir un 28 de marzo de 1941. Y allí nació esta sección, dispuesta a mirar no sólo a su obra sino a todo el entorno anglosajón que ella tanto amaba y que tanto defendió. Esta sección pretende ser un homenaje a las letras inglesas, a autores como Shakespeare, Jane Austen, las Brontë, Oscar Wilde, Jeanette Winterson, Zadie Smith, Radclyffe Hall, Vita Sackville-West, Katherine Mansfield, Ian McEwan, Julian Barnes, y un largo etcétera. Pretende ser una sección donde caer enamorados de la capacidad extenuante de un grupo de escritores de erizarnos el bello y hacernos “sentir una descarga en la espina dorsal”.

Será una sección de repaso a los arriba mencionados clásicos ingleses (y los futuros) porque, como la propia Woolf afirmó en su diario: “siempre mantened los clásicos a mano para prevenir la caída.”

No sé qué hubiera sido de la literatura universal sin la presencia de Virginia, como tampoco sé lo que podría haber sido sin la presencia de otros muchos grandes de la literatura. Si yo me centro en los genios ingleses y en Virginia Woolf  es porque los amo. Y porque si puedo escribir libremente, es gracias a ella.

  1. 31/03/10

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